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Entrega de Silla de Ruedas.

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Compartiendo con nuestras socias y socios de la tercera edad de Molino Abajo, Temoaya, Estado de México.

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Entrega de Reconocimiento por la AMS a la labor de Gabriela Goldsmith Presidenta de \\\"Código Ayuda A.C.” Más»

Día de la Niñez 2011 con nuestras socias y socios de San Lorenzo Tepaltitlán, Toluca, Estado de México.

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“Yo Me Declaro Defensor” de los Defensores de Derechos Humanos

Participación en la campaña “Yo Me Declaro Defensor” de los Defensores de Derechos Humanos por la Alta Comisionada de los Derechos Humanos de la ONU Navy Pillay. Más»

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Thelma Dorantes Autora y Actriz principal de la obra de Teatro \\

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Premio Nacional del Trabajo 2012.

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Category Archives: Noticias

“Mirar para otro lado no hace desaparecer las catástrofes”

Fuente: El País Noticias de África

Kat y yo acabamos de llegar a Nigeria, más de ocho  años de conflicto armado en el norte del país han dejado 17 de millones de personas en situación de vulnerabilidad extrema y un impacto en la región sin precedentes. Niñas y mujeres han sido violadas indiscriminadamente, menores han sido arrancados de sus familias para unirse a las filas de la insurgencia, hay estado de emergencia, falta de protección, hambre, muerte, miedo y desolación. Aún no podemos ponerle cara ni nombres, tampoco hacer nuestras las cifras del conflicto, pero es solo cuestión de tiempo.

Mientras llegamos a nuestra oficina de Plan International, observo por la ventana del vehículo las calles de Abuja. En la puerta de una mansión con tres columnas blancas hay una mujer rodeada de tres niños. La más pequeña es una niña y está completamente desnuda. Me asalta entonces a la cabeza la conversación de anoche con el conductor del taxi. Me habló de su mujer y sus tres hijos. Las dos mayores son niñas. “Y ya sabes…”, me dice. “Aquí en Nigeria lo que nos gusta es tener niños, así que buscamos el tercero y tuvimos suerte”. Le escucho y no digo nada.

Oge nos recibe en la oficina. Está nerviosa. Ayer, militares armados entraron en la base de Maiduguri, tres de nuestros compañeros estaban allí. Los ataques al personal humanitario y a instalaciones de asistencia se han convertido en una práctica cada vez más habitual. Según los datos del Informe sobre Seguridad de Trabajadores Humanitarios, en 2015, se produjeron 287 ataques en los que resultaron muertas 107 trabajadoras y trabajadores humanitarios. A lo largo del día nos avisan de que todo el personal está bien, pero serán evacuados hasta que la situación de seguridad permita el regreso. Mañana, habrá menos personas para asistir a la población y menos testigos para alzar la voz.

Pasado el susto, los compañeros conversan sobre el trabajo de la organización en la zona norte del país. Kat es alemana y llega para coordinar la respuesta de emergencia. Oge es nigeriana, y ambas liderarán el trabajo del equipo allí sobre educación, protección, medios de vida para la juventud, seguridad alimentaria… Ambas son mujeres.

Conflictos olvidados… ¿por quién? Desde luego a mí no se me olvidan

Un estudio publicado el pasado marzo sobre cómo favorecer la participación de profesionales mujeres en contextos humanitarios muestra que el 40% de los puestos internacionales son cubiertos por mujeres, el otro 60% lo ocupan nuestros colegas hombres. Los roles de género también nos marcan en esta profesión y, mientras ellos ocupan los puestos de logística, adquisiciones y seguridad, nosotras nos posicionamos en temas relacionados con las comunicaciones, género en emergencia o la gestión del conocimiento. Pienso en los datos de este estudio mientras observo a Kat y Oge. “No tengas miedo –le dice Oge–, cuando fui por primera vez a Maiduguri, pensé que me iba al centro del infierno”. Ambas ríen. “Después me di cuenta que la gente trata de vivir el día a día, como en España”.

Hoy es Nigeria, Somalia, República Centroafricana, Sur Sudán. Son Siria, Irak y Yemen. Es Palestina y la población saharaui. Son los llamados conflictos olvidados como República Democrática del Congo. ¿Olvidados por quién? Desde luego a mí no se me olvidan. Son los desplazamientos de población causados por la violencia en Centroamérica, los efectos de El Niño. Es la utilización de niñas y mujeres como arma de guerra, son los niños soldados. Es agotador, lo sé, nos protegemos contra la sinrazón, mirar a otro lado es normal, supongo. Las cifras aturden y los testimonios aún más, pero darte la vuelta no lo hace desaparecer.

Y mientras las cifras nos persiguen, nos cuestionan y nos atormentan, en un día como el 19 de agosto, nos seguimos aferrando con uñas y dientes al Derecho Internacional Humanitario y a los Derechos Humanos, que nos dicen que la población civil no debe ser objeto de los ataques.

Por teléfono, hablo y describo lo que vivimos aquí. Espero que así esté llegando esta realidad, que abra los ojos a quien lea estas líneas ante las cosas que están pasando. Alguna vez me preguntan si la acción humanitaria sirve de algo, si visto lo visto, lo que hacemos tiene sentido. Incluso alguna vez he oído decir que para qué irse tan lejos, si en España también hay gente que lo pasa mal. Supongo que eso debió pensar el Gobierno, pues desde 2015 en España ha habido un descenso del 80% en los fondos destinados a la acción humanitaria. Lo que igual no se sabe, y por eso lo cuento, es que mientras esto pasaba, las personas han seguido contribuyendo con las ONGs, ya sea mediante donaciones puntuales o contribuciones más frecuentes. Con su ayuda, se han mantenido abiertas muchas operaciones, lo que significa que se ha conseguido salvar vidas, aliviar el sufrimiento y seguir pidiendo públicamente a los Gobiernos que cumplan con los compromisos adquiridos en materia de acción humanitaria y recordarles la necesidad de respetar el Derecho Internacional Humanitario.

Se me olvidaba responder: sí, la acción humanitaria sirve y llega a los lugares y a las personas de las catástrofes que más lo necesitan.

Elisa Paz es especialista en ayuda humanitaria de Plan International en España.

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CALOR SOFOCANTE GENERALIZADO EN LA PENÍNSULA Y CANARIAS DESDE EL DOMINGO

Fuente: La información África

– Hasta el viernes de la próxima semana. Este domingo se establecerá un flujo en niveles bajos de la atmósfera que favorecereá la extensión de temperaturas significativamente altas a buena parte del interior de la península y a Canarias, y que se prolongará hasta el viernes de la próxima semana, según señaló este viernes la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet).Este episodio llegará después de varios días con temperaturas más altas de las habituales para esta época del año en el interior de la mitad sur de la península.El mayor ascenso térmico se producirá entre el domingo y el lunes en la mitad norte peninsular, concretamente en Galicia, el área Cantábrica, Castilla y León y el alto Ebro, además de Canarias. Meteorología consideró “muy probable” que las temperaturas máximas lleguen a entre 40 y 42 grados en el valle del Guadalquivir y entre 37 y 40 en otras zonas de la mitad sur y el centro peninsular, los valles del Duero y Ebro, el interior de Galicia y las islas orientales de Canarias. Las noches también serán algo más calurosa, aunque las temperaturas mínimas no se distanciarán tando de las normales como durante el día.En esos días, es probable que el viento (de componente sur en la península y este en Canarias) arrastre polvo en suspensión desde el interior de África, lo que podría dar lugar a calimas y reducción de visibilidad.“Lo más relevante de este episodio no es tanto el valor absoluto de las temperaturas, pues en la mitad sur peninsular serán ligeramente más bajas que los últimos días, como la gran extensión del área de temperaturas significativamente altas”, apuntó la Aemet.A partir del próximo martes es probable que el viento de componente oeste comience a refrescar primero en Galicia y durante los días siguientes de oeste a este y progresivamente en el resto de la Península, de forma que el viernes de la semana que viene finalizaría esta situación de temperaturas altas en el área peninsular. Por lo que respecta a Canarias, será muy probablemente durante el jueves y el viernes de la próxima semana cuando se produzca el descenso térmico y se recuperen las temperaturas normales.

“Ponemos el foco en mantener a la gente con vida, pero la única solución es que termine el conflicto”

Fuente: El País Noticias de África

Se define en su perfil de Twitter como un abuelo concienciado que trabaja por un mundo sostenible sin hambre. Casado y con tres hijos crecidos ya, escapa de esa etiqueta, a la vez amplia y reduccionista: Amir Mahmoud Abdulla (Jartum, 1957) es el director ejecutivo adjunto del Programa Mundial de Alimentos (PMA) desde marzo de 2009. Con nacionalidad sudanesa y británica, se licenció y doctoró en Londres en Ingeniería Eléctrica. Tras permanecer dos años en Nueva York, hoy vive en Roma para liderar las operaciones en los más de 80 países donde el PMA tiene programas de asistencia alimentaria. Su carrera en el programa de Naciones Unidas comenzó en 1991, en el puesto de oficial de logística. Antes acumuló experiencia en el sector portuario y en ingeniería en su país natal, donde también impartió clases universitarias.

Abdulla visitó la capital grancanaria con motivo de una reunión con directores y personal de las oficinas del PMA situadas en África occidental. El propósito más inmediato del encuentro era la coordinación y la puesta en común de proyectos y desafíos, pero la mirada del PMA se dirige a un objetivo mucho más ambicioso: erradicar el hambre en el planeta antes de 2030. Mano a mano con Abdulla en Canarias trabajó Manoj Juneja, subdirector ejecutivo y jefe de finanzas del PMA. El programa de la ONU encargado de proporcionar asistencia alimentaria inauguró su base grancanaria en 2014 y acaba de acoger dos grandes reuniones de este tipo. La anterior se celebró a finales de junio y juntó a casi un centenar de miembros de algunas de las organizaciones que integran la Red de Depósitos de Respuesta Humanitaria de las Naciones Unidas (UNHRD).

Amir Mahmoud Abdulla, sentado en una de las salas del centro logístico del PMA, en una sobremesa cálida de principios de julio, encorbatado y afable, es un hombre amable, canoso y que se toma su tiempo para desarrollar sus respuestas y exponerlas con mesura.

Pregunta: ¿Cuáles son las grandes crisis a las que hoy se enfrentan el PMA y la comunidad humanitaria internacional?

Respuesta: Una de las peores crisis mundiales recientes en lo que se refiere a seguridad alimentaria y nutricional se dio con la declaración de hambruna en Sudán del Sur, aunque el país ya ha salido de esta emergencia. Yemen, el noreste de Nigeria y Somalia también están en peligro, pero, gracias a muy generosas contribuciones de donantes de todo el mundo, las hambrunas se evitaron. Cuando estás en el estadio previo a la hambruna, la gente también muere, especialmente los niños. Algunos fallecen y otros sufren daños irreversibles de crecimiento, de desarrollo físico y cognitivo para toda la vida, en particular los menores de dos años, los que no se alimentan bien en los primeros mil días de vida (nueve meses en el útero y dos años fuera de él). 

Hay cerca de 600.000 niños que podrían morir en los próximos meses si no llegamos a ellos

Hay estadísticas bien conocidas, números que asustan: los cerca de 600.000 niños que podrían morir en los próximos meses si no llegamos a ellos. Todas las cifras son dramáticas, pero creo que es la peor. La buena noticia es que recibimos contribuciones muy generosas. La dificultad está en que en tres de estas situaciones —en realidad en todas diría yo— tenemos problemas de acceso a la población a causa de conflictos. Los dos escenarios peores son, probablemente, Sudán del Sur y Yemen. También el noreste de Nigeria, donde tenemos a Boko Haram causando serios problemas. En Somalia hay menos dificultades de este tipo, pero es una crisis que sigue ahí. Todas estas hambrunas potenciales estarían causadas, principalmente, por la mano del hombre. También hay otros factores, por ejemplo cuestiones medioambientales como la sequía. Lo que hace el PMA es proporcionar socorro, pero tenemos que dirigirnos de manera constante y consistente a quienes cuentan con la influencia política para detener el conflicto. Podemos mantener a la gente viva con el alimento que les proporcionamos, pero si el conflicto no se detiene, no podrán volver a sus casas y tener vidas normales. Ponemos el foco en mantener a la gente viva y estable, pero la única solución es que termine el conflicto.

P. Naciones Unidas denunció hace poco que vivimos una de las peores crisis humanitarias en los últimos 70 años. ¿Cuáles son los desafíos a los que nos enfrentamos en este momento?

R. Las cuatro casi hambrunas generadas por conflicto son quizás lo más visible en este momento, pero, además, hay crisis en Siria. Gracias a las contribuciones de donantes, hemos estabilizado la situación, pero no ha desaparecido. Acabamos de ver que Mosul ha sido liberada, pero existen daños en infraestructuras y 800.000 desplazados. Costará, quizás, 1.000 millones de dólares poder restablecer el suministro eléctrico y las condiciones básicas para que la gente regrese. Se dan muchas situaciones que no han mejorado tanto, solo ligeramente, como la del Sahel, donde la gente vive al límite… Si se produjera una sequía en el Sahel, como ha sucedido antes y lo hemos visto, podríamos ser testigos de situaciones realmente trágicas.

Hoy tenemos el número más alto de refugiados y desplazados desde la II Guerra Mundial. Eso sucede al mismo tiempo que muchas de esas personas experimentan choques climáticos, como sequías o inundaciones, y que sus países, en muchos casos, atraviesan una crisis económica. También estamos viendo la respuesta humanitaria de mayor envergadura que se ha dado jamás. La respuesta, es cierto, no mantiene el ritmo de las necesidades de la población, pero si queremos ser optimistas, tenemos que reconocer que, al menos, hay mucha buena voluntad. Si no existiera esa buena voluntad, habría mucho más sufrimiento.

Necesitamos soluciones a largo plazo. Estamos en un periodo en el que nuestra referencia son los Objetivos del Desarrollo Sostenible (ODS). Se ha promulgado la Agenda 2030. Nos centramos en cuidar a la gente más vulnerable. Hubo una cumbre humanitaria mundial el año pasado. Hay muchos motivos de preocupación, pero para gente como yo, que llevamos en este mundo humanitario cerca de 30 años, también hay signos de esperanza.

P. ¿Cómo puede el sector humanitario hacer presión para que se produzca un cambio político real que mejore las cosas?

Si se produjera una sequía en el Sahel, podríamos ser testigos de situaciones realmente trágicas

R. Todo el mundo reconoce que el desarrollo, la mejora de las condiciones de vida de la gente, garantizarles opciones para ganarse la vida, darles acceso a una mejor educación, a agua limpia, a sanidad y nutrición, son soluciones a largo plazo sostenibles. Las agencias de asistencia humanitaria como el PMA dan soluciones para que la gente siga viva, pero para hacer algo más que eso hay que prepararse para el futuro. La Agenda 2030, los ODS y el reciente impulso del Secretario General de Naciones Unidas para fortalecer la conexión entre el desarrollo sostenible, la acción humanitaria, la paz y la seguridad van en el sentido de lograr una acción integrada y coherente que busque siempre soluciones a largo plazo. Es un buen marco, pero que solo funciona si existe la voluntad política en todos los que se encuentran en él. Lo que necesitamos, los que trabajamos en asistencia humanitaria y desarrollo, es que la gente con poder político, que con frecuencia son también los donantes de fondos para la ayuda de emergencia, hagan lo que puedan para ejercer presión sobre los diferentes actores, asumiendo que el fracaso puede llevar a que se manifieste el extremismo.

P. La colaboración con los gobiernos se está convirtiendo en un pilar fundamental del trabajo humanitario, así como el trabajo en red de diferentes organizaciones para maximizar los recursos y ser más efectivos. ¿Cómo ha cambiado el trabajo humanitario en este sentido?

R. Todo lo que hacemos se guía por la Agenda 2030 y los ODS, además de la idea de que no deberíamos separar el trabajo humanitario del desarrollo y de que todos deberíamos actuar juntos. Esto ha introducido un nuevo elemento: la acción humanitaria tiene que pensar en soluciones a largo plazo desde el principio. Igualmente, las acciones de desarrollo deben prevenir las crisis humanitarias del futuro. Son las dos caras de la misma moneda. La acción humanitaria promueve el desarrollo y el desarrollo acaba con la necesidad de las intervenciones humanitarias.

Actores humanitarios y del desarrollo ven las cosas de manera ligeramente diferente, pero todos terminan por asumir que no todos los gobiernos son malos y que la mayoría quiere lo mejor para sus ciudadanos. Además, hay que trabajar en el marco de planes nacionales. Intentamos, siempre que es posible, construir y reforzar la capacidad de respuesta de los gobiernos. Por ejemplo, en Latinoamérica, hemos tenido éxitos en este sentido. En Asia y la zona Pacífico, también e incluso en África, en países como Mozambique, donde la primera respuesta a las inundaciones es la de las autoridades locales. Enseñar a alguien a hacer algo requiere más tiempo y paciencia que hacerlo tú mismo, así que tenemos que tener más paciencia. A veces no hay tiempo, pero no tiene que perpetuarse una situación.

P. ¿Cuál es el valor añadido de Las Palmas y España para el PMA y en el contexto de la ayuda humanitaria?

R. Las Palmas es uno de los depósitos de respuesta humanitaria de la ONU. Con frecuencia, cuando nos enfrentamos a una emergencia, lo más rápido es enviar el material por avión. Pero mantenemos estos productos en todos los depósitos y se distribuyen dependiendo del que está más cerca y de sus reservas. Las Palmas es una plataforma de la cadena de suministro y un punto de envío que nos permite comprar grano por adelantado, almacenarlo y enviarlo cuando es necesario, de forma que podemos comprarlo cuando el precio es más conveniente y repartirlo cuando hace falta. Podemos traer grandes cantidades de comida y almacenarla para después distribuirla en barcos más pequeños. Podemos traer grandes cantidades de cereales, a granel, para empaquetarlos aquí y enviarlos en lotes según la necesidad del receptor. Si un país necesita 20 toneladas, puedes enviar 20 toneladas en un barco. No compramos 20 toneladas: compramos 20.000 y enviamos 50 aquí, 20 allá. Y se nos están ocurriendo nuevas ideas para utilizar Las Palmas en la cadena de suministro.

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No son el objetivo, pero lo son

Fuente: El País Noticias de África

“El pasado mes de enero en Walikale atendimos a 122 mujeres de un mismo pueblo. Todas habían sido violadas”. Desde la República Democrática del Congo, Marit de Wit escribía estas líneas hace apenas unas semanas. En su testimonio recordaba con dolor la violencia que sufren la población y (también) el personal humanitario en el país africano. Por desgracia, este tipo de ataques ocurren en un sinfín de puntos cardinales del planeta. En Afganistán, 3.498 civiles murieron en 2016. De ellos, 923 eran niños, alertaba la ONU en un informe el pasado febrero. El jefe de la misión de las Naciones Unidas en aquel país, Tadamichi Yamamoto, pidió entonces a los implicados en el conflicto que dejasen de luchar en zonas habitadas y no usaran espacios como colegios o centros sanitarios. Lejos de hacerlo, el pasado marzo, terroristas del ISIS entraron disfrazados de médicos al hospital más grande de Kabul, con 400 camas, y dispararon de forma indiscriminada contra los ocupantes. Al menos 38 personas fueron asesinadas. En Siria, los titulares de víctimas inocentes son el pan de cada día.

Este tipo de episodios tienen que parar, ese el mensaje que lanza la ONU con motivo del Día Mundial de la Asistencia Humanitaria que se celebra cada 19 de agosto. “La población civil no es objetivo”, reza el lema de esta edición que en redes sociales se ha traducido al hashtag #NotATarget (#NoSonUnObjetivo, en español).

Tampoco deben ser blanco de ataques los trabajadores humanitarios ni las instalaciones en las que realizan su labor que no es otra que salvar vidas. Sin embargo, unos y otros lo son. En los últimos 20 años, 4.132 cooperantes en servicio han sido atacados, recuerda la ONU. Según los datos que recopila anualmente el Aid Workers Security Report, en 2016, 288 fueron víctimas de agresiones graves: 101 fueron asesinados, 98 heridos y 89 secuestrados. La mayoría de estos ataques tuvieron lugar en cinco países: Sudán del Sur, Afganistán, Siria, República Democrática del Congo y Somalia.

Enfocamos: República Democrática del Congo

Una mujer lleva una bolsa de granos en el mercado de Ndu, en el extremo norte de la República Democrática del Congo, al borde del refugio de la República Centroafricana, el 13 de agosto de 2017.

Precisamente en uno de esos puntos calientes del planeta, en República Democrática del Congo (RDC), el español José Barahona dirige las actividades de Oxfam. “Damos apoyo a las personas que huyen de los conflictos en el país. En el Este, hay unos 70 grupos armados activos y cada vez que se producen enfrentamientos, la gente que vive cerca se marcha”, detalla. Y son muchos. “Ahora mismo hay 3.600.000 desplazados internos, son dos millones más que en enero de 2016. A lo que hay que sumar los 400.000 que se han ido a otros países vecinos como Sudán del Sur o Burundi”, subraya en conversación telefónica desde RDC. Todos ellos, recuerda, necesitan agua, letrinas y alimentos. “Y las mujeres requieren especial atención”, anota. Pues ellas se convierten a menudo en campo de batalla entre grupos rivales y se castigan mutuamente violándolas, explica.

La bomba que convirtió en héroes a los humanitarios

La sede de Naciones Unidas de Bagdad tras la explosión en 2003.La sede de Naciones Unidas de Bagdad tras la explosión en 2003.

El 19 de Agosto es el día que conmemora la labor del ejercito de trabajadores humanitarios que lucha contra la adversidad, el hambre y la muerte. La fecha fue declarada Día Mundial de la Asistencia Humanitaria en 2008 coincidiendo con el aniversario del atentado en 2003 contra la sede de la ONU en Bagdad, en el Hotel Canal, en el que fallecieron 22 trabajadores de la organización. Allí estaba Lara Contreras, hoy trabajadora de Oxfam Intermón. Así lo recuerda:

“Aquel 19 de agosto, yo estuve en la sede de la ONU por la mañana. Salí a comer con mi equipo y de pronto, pasadas las cuatro de la tarde, se oyó una fuerte explosión, pero había explosiones a menudo, así que no le prestamos demasiada atención. Los humanos nos acostumbramos a todo. Pero…”

Lee su testimonio completo aquí.

Suena fácil, pero ayudar es una labor “bastante arriesgada” en estas latitudes, advierte Barahona. “La gente huye a pie a 20 o 30 kilómetros de la zona de conflicto, por lo que para ayudarles nos tenemos que acercar bastante a las áreas de violencia”. Además, zonas que un día son seguras, pueden no serlo al siguiente.

Sobre todo, son habituales los secuestros. En 2015, Oxfam contabilizó que al menos 148 trabajadores de esta y otras ONG fueron capturados por grupos armados en algún momento, solo en el este del país. “Retienen a compañeros durante unos días para pedir dinero a cambio”, explica el español. Como las organizaciones no pagan, asegura, solo queda la negociación como recurso. Y las comunidades se convierten en aliados: “Ellos mismos presionan para la liberación porque necesitan la ayuda que proveemos”.

Las crisis de desplazados en Kasai, en el sur de la República Democrática del Congo, y en el distrito de Pool en la República del Congo, atraen casi toda la atención y esfuerzos de la oficina regional del Programa Mundial de Alimentos en África del Sur que dirige Lola Castro. “Hemos podido realizar distribuciones de alimentos en Kasai a algunos miles de desplazados, pero hay al menos 1,4 millones a los no se tiene acceso“, denuncia. La ayuda que llega es aún “como una gota de agua en el océano”. “Se necesita más apoyo internacional a estos conflictos olvidados. Esperamos que la situación se estabilice para poder llegar a los más afectados”, pide Castro.

Coincide en la queja Barahona. “Este país sufre una crisis crónica desde los años 90 y es muy difícil llamar la atención de que lo que pasa cada año es peor que el anterior”, lamenta. Pero los trabajadores humanitarios no se pueden olvidar de quienes viven en la inestabilidad permanente y han tenido que volver a empezar sus vidas una y otra vez. Allí siguen, “buscando el equilibrio entre el deber de asistir y el de proteger a los trabajadores”, dice el responsable de Oxfam. “En los últimos tiempos hemos perdido muchos compañeros en conflictos. Es importante que todas las partes en los de Kasai o Pool entiendan que los civiles están simplemente afectados y aterrorizados por la situación y los trabajadores humanitarios no deben ser objetivo y se les debe respetar”, zanja.

No son el objetivo, pero sí víctimas de la “violencia ciega”

En Centroamérica no hay una guerra y, sin embargo, es una de las regiones más violentas del mundo. Allí, Miguel Ángel García Arias dirige la oficina de Acción Contra el Hambre para Guatemala y Nicaragua. “Aquí la violencia es ciega, afecta a todos por igual”, apunta. Eso quiere decir que la población civil o los trabajadores humanitarios no son un objetivo de ataques en una guerra, son víctimas simplemente porque están allí, en el momento y sitio equivocados.

“No vemos que estemos especialmente señalados, pero quienes realizan asaltos se focalizan en quienes ellos crean que tienen algo de valor”, explica García. Así, el personal de las ONG se convierte en objetivo, no por su labor sino por sus pertenencias. “Por ejemplo, un vehículo 4×4 es atractivo para los atacantes conduzca quien lo conduzca”, añade. Acción Contra el Hambre, de hecho, ha sufrido el robo de un coche en Ciudad de Guatemala, reconoce.

Acción contra el Hambre asiste a las comunidades campesinas afectadas por las sequías en Centroamérica, especialmente niños en riesgo o situación de desnutrición.Acción contra el Hambre asiste a las comunidades campesinas afectadas por las sequías en Centroamérica, especialmente niños en riesgo o situación de desnutrición.

Este tipo de riesgos en una zona del mundo en la que los asesinatos son cuantiosos obliga a las organizaciones a mantener unas normas de seguridad, aunque su labor no tenga nada que ver con contiendas. Es el caso de Acción Contra el Hambre, que trabaja en el corredor seco donde las sequías, principalmente por el fenómeno El Niño en los últimos tres años, afectan a las comunidades campesinas. Si lluvia, sin agua, el frijol y el maíz no crecen, “y no tienen siquiera cómo alimentar a sus familias”, detalla García. En su búsqueda de la población más afectada, abuelos con pequeños a su cargo, personas con discapacidad, niños con desnutrición aguda y corren peligro de morir, las precauciones básicas pasan por no viajar de noche y respetar el toque de queda. Además, se mantienen atentos a los asaltos que ocurren en la zona para evitar los itinerarios en los que se han producido.

Más que los trabajadores humanitarios, son los activistas locales los que están en el punto de mira. Recuerda García los asesinatos de defensores del medio ambiente en la región. “Alguien que luche por la protección de un río en Guatemala está en un riesgo enorme de sufrir violencia”, asegura. No se olvida el responsable de Acción Contra el Hambre en Centroamérica de la gran crisis humanitaria, cambio climático aparte, de la que es escenario esta parte del mundo: la de los migrantes hacia Estados Unidos. “Necesitan asistencia, especialmente los niños no acompañados y las mujeres, y muchas veces no la reciben y son víctimas de abusos”, denuncia. Como pide en ese emblemático día la ONU, ellos tampoco deberían ser un objetivo, pero también lo son. 

No nos olvidamos de…

Sudán del Sur

El recrudecimiento del conflicto en Sudán del Sur ha hecho duplicar en un año la población refugiada en el país africano

Afganistán

Los atentados contra la población y los ataques a instalaciones civiles son comunes.

Siria

2016 fue, según la ONU, el peor año de guerra en este país. Al menos 652 niños fueron asesinados y 338 hospitales fueron atacados.

Somalia

La sequía pone al país africano en riesgo de hambruna, la tercera en 25 años, y amenaza también a Sudán del Sur, Nigeria y Yemen

Mediterráneo

El año pasado, 5.153 personas murieron en el intento de cruzar el Mediterráneo hacia Europa. Las tensiones sobre dónde, quién y cómo se rescata a estas personas está siendo motivo de tensión actualmente.

Lago Chad

Mientras Boko Haram pierde fuelle, las necesidades humanitarias se agravan en la región, con 7,1 millones de personas en riesgo de hambruna

Yemen

Además del conflicto que mata y desplaza a miles de personas en el país, el cólera está arrasando. Hasta junio, más de 1.000 personas habían muerto desde que empezó la epidemia.

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¿No será hora de hacer más con más?

Fuente: El País Noticias de África

Una feroz sequía se abate sobre Somalia, provocando sufrimientos de una escala casi indescriptible. Es difícil hallar palabras para transmitir la devastación y la miseria que afectan al país, en medio de un prolongado período de escasez de lluvia. He visto rebaños de ganado macilento derrumbarse sin vida en el polvo y he estado presente mientras la gente veía el futuro evaporarse ante sus ojos.

Aunque las palabras no puedan hacer justicia a la magnitud de la crisis, sí pueden guiar la respuesta del mundo. Y, a tal respecto, debo hablar claro: a menos que la comunidad internacional cambie su metodología para la provisión de ayuda en África, el ciclo de sufrimiento no se detendrá.

La catástrofe que se desarrolla en Somalia no es única. Millones de africanos en más de una decena de países se enfrentan a dificultades similares, conforme la pérdida de cosechas y la persistencia de conflictos provocan una seria inseguridad alimentaria. Según algunos cálculos, los agricultores del este de África perdieron hasta el 60% de su ganado (principal fuente de ingresos) en la primera mitad de 2017. Ante una adversidad tan aplastante siento rabia, más que tristeza. Rabia que debería trasladarse a todo el mundo.

Un sinnúmero de personas, orgullosas, dignas, han sido despojadas de sus medios de vida y obligadas a contentarse con una diminuta ración al día, o ni siquiera eso. Para peor, son tragedias que pudieron evitarse: sabíamos que estas crisis estaban en camino.

Los agricultores del este de África perdieron hasta el 60% de su ganado en la primera mitad de 2017

La sequía y el hambre son calamidades en cámara lenta que, con planificación adecuada y recursos suficientes, pueden evitarse. Pero una y otra vez, la ayuda humanitaria en África ha sido insuficiente, como ocurrió en Somalia en 2011 y 2012; en Níger en 2005; y en Etiopía en los ochenta. Entonces, como ahora, hubo quien predijo la inseguridad alimentaria mucho antes de que el hambre hiciera sentir sus primeras punzadas. Pero las advertencias no se tradujeron en una respuesta global eficaz.

Como médica, soy dolorosamente consciente de cómo el hambre, la desnutrición, el cólera y otras enfermedades relacionadas con la sequía afectan a los africanos, especialmente a niños pequeños y madres lactantes y embarazadas. Los efectos del hambre sobre la salud física y mental pueden ser irreversibles y a menudo dejan a las personas atrapadas en la pobreza por toda la vida. Debemos modificar esta trayectoria antes de que estalle la próxima crisis, convirtiendo la rabia en acción.

Para empezar, la comunidad de ayuda debe ser más inteligente en sus pedidos de recursos (como alimentos y fondos) y en su asignación. Las organizaciones humanitarias (como aquella a la que pertenezco) siempre han operado con recursos humanos y financieros limitados, y se esperaba de ellas que hicieran más con menos. ¿No será hora de que hagamos más con más? Naciones Unidas estima que este año Somalia, Nigeria, Yemen y Sudán del Sur necesitarán 6.300 millones de dólares entre los cuatro para evitar una hambruna extendida. Pero ya se fue medio año y solo se recaudó alrededor de un tercio de esa suma.

Solo una fracción de la financiación internacional de respuesta a emergencias va directamente a organismos locales

Además, y sobre todo, las organizaciones internacionales de ayuda deben reconsiderar la forma de trabajo y la elección de colaboradores. Hay que insistir en la creación de soluciones duraderas, y eso implica una colaboración más estrecha con socios locales en el terreno. La idea no es nueva, pero todavía no arraigó lo suficiente.

Nadie mejor que los actores locales para llegar a los miembros más vulnerables y marginados de cualquier comunidad. Su involucramiento es crucial para asegurar la continuidad de los servicios, cuando las agencias de ayuda multinacionales se hayan ido a otros lugares. Pero para eso, es necesario que las comunidades locales cuenten con recursos y herramientas que les permitan asumir el liderazgo.

Por desgracia, por ahora solo una fracción de la financiación internacional de respuesta a emergencias va directamente a organismos locales. Para peor, estos no cuentan con apoyo dedicado suficiente que les permita crecer y madurar. Todas estas falencias dificultan a las organizaciones multinacionales la transferencia de responsabilidades una vez satisfechas las necesidades más urgentes.

Cuando se apoya a grupos de respuesta locales en funciones de liderazgo, los resultados son extraordinarios. En Somalia, por ejemplo, la Media Luna Roja Somalí ha establecido decenas de clínicas móviles que brindan atención a algunas de las poblaciones más vulnerables del país. La Media Luna Roja opera en áreas de inestabilidad y violencia, a menudo fuera del alcance de los servicios sanitarios estatales, y ayudó a mitigar las emergencias de desnutrición y cólera.

Lo mejor de todo es que cuando esas emergencias amainan, la capacidad local queda. Gracias a la financiación y al entrenamiento ofrecidos por diversas organizaciones, entre ellas la que represento, la Media Luna Roja Somalí podrá seguir ofreciendo servicios de salud maternoinfantil, programas de vacunación, clínicas ambulatorias y otras formas de atención médica comunitaria. Esto es solo un ejemplo del papel positivo de los actores humanitarios locales cuando cuentan con las herramientas necesarias.

Cambiar el paradigma humanitario global no será fácil (ningún cambio de esta escala lo es). Pero la alternativa (un ciclo interminable de hambre, enfermedad y muerte innecesaria) es inaceptable. El sufrimiento de África ha dejado a muchos sin palabras. Por eso es necesario que el lugar de las palabras lo ocupen nuestras acciones.

Traducción: Esteban Flamini

Fatoumata Nafo-Traoré es directora regional para África de la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja.

Copyright: Project Syndicate, 2017.

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Agencias de la ONU asisten a la población afectada por las inundaciones en Sierra Leona

Fuente: ONU Noticias de África

18 de agosto, 2017 — Las agencias de la ONU se han movilizado para llevar asistencia a la población afectada por las inundaciones y los deslaves en Sierra Leona, donde estos siniestros causados por las lluvias torrenciales dejaron más de 300 personas muertas y cientos de desaparecidos en la periferia de Freetown, la capital del país.

UNICEF distribuye agua limpia para evitar que los niños contraigan enfermedades infecciosas y ha empezado a construir letrinas en los albergues temporales donde se alojan la población desplazada por el desastre.

El Fondo para la Infancia también reparte tiendas de campañas y provee suministros médicos en esos centros, además de brindar asistencia psicosocial a las personas traumatizadas por la catástrofe.

Por su parte, la Organización Mundial de la Salud (OMS) advirtió que los sobrevivientes son altamente vulnerables a contraer cólera y otras enfermedades infecciosas, por lo que trabaja con el gobierno sierraleonés en el plan de respuesta sanitario a la contingencia.

La OMS recordó que el país ha sufrido graves brotes de cólera en el pasado y señaló que los anegamientos y los daños causados por las tormentas a las instalaciones de saneamiento incrementan el riesgo de que la enfermedad se propague.

La Organización Internacional para las Migraciones (OIM) participa en los equipos de evaluación de daños y ha reportado hasta el momento la destrucción de 1.100 viviendas en las que habitan más de 4.000 personas.

Asimismo, ha advertido que la cifra de personas fallecidas seguirá aumentando en las próximas semanas, cuando los equipos de emergencia y rescate continúen su labor en los escombros y el lodo.

Mujeres masai que ‘limpian’ su energía (y sus cocinas)

Fuente: El País Noticias de África

Beatrice Marpe es la líder de las mujeres del remoto pueblo de Tokoishi, a unos 100 kilómetros al sur de Nairobi, la capital de Kenia. Por lo general, la tarea de una líder de las mujeres masai suele consistir en resolver los problemas conyugales, pero Marpe, de 55 años, ha asumido un nuevo papel: el de embajadora de la energía solar.

Para ella, es algo personal. Porque los hombres de su aldea utilizaban hogueras y lámparas de queroseno para mantener a los depredadores alejados de sus rebaños durante la noche. Y hace 11 años, un grupo de leopardos mató a su marido mientras este vigilaba. Ahora, con las luces solares, los animales no se acercan sin que sea necesario que nadie se quede fuera para ahuyentarlos.

La empresa SunTransfer, con sede en Alemania, fue la primera en llevar la energía solar al condado de Kajiado. Esta tecnología ya suministra electricidad a 500 hogares. Samuel Njoroge, director de SunTransfer en la zona, explica que ofrecen las familias adquirir un sistema de energía solar mediante un crédito a plazos. Con el dinero que ahorran al no tener que usar lámparas de queroseno, asegura, pueden amortizar el crédito en tres años.

En julio de 2014, SunTransfer se dirigió a Marpe para presentarle la idea de utilizar la energía solar. Ella estuvo de acuerdo en probarla y descubrió que funcionaba. Ahora, cuando otras mujeres van a su casa, les explica su funcionamiento y las anima a que ellas también empiecen a usarla. “Ha funcionado muy bien, y ahora los hombres se están involucrando más”, cuenta.

“La energía solar trae consigo muchas ventajas aparte de la luz que ahuyenta a los animales salvajes”, afirma Njoroge. “En comparación con el queroseno y la leña, su precio es bajo. [La gente] también puede ver la televisión, cosa que en esta zona es poco frecuente”.

Cocinas limpias en Tanzania

En la vecina Tanzania, Loise Loseku, que vive en el pueblo de Enguik, ha ido un poco más lejos. Ella misma instala los paneles solares, una actividad considerada tradicionalmente trabajo de hombres. Pero esta mujer de 29 años, madre de seis hijos, ya lleva seis años haciéndolo.

En África subsahariana, ocho de cada 10 personas dependen del carbón y la leña para cocinar

Loseku forma parte del Proyecto Cocinas y Energía Solar Masai, que ha extendido en la comunidad esta clase de energía, así como las cocinas de combustión limpia. Las mujeres reciben formación para que distribuyan e instalen los paneles y las cocinas en sus manyatta, las tradicionales viviendas de barro de la zona. En una semana, Loseku puede atender a cuatro hogares, o incluso más. Los clientes pagan 11 dólares estadounidenses por la instalación, una tarifa subvencionada por el programa, ya que el precio real es de 52 dólares.

Robert Lange, catedrático de Física retirado de la Universidad de Brandeis (Estados Unidos), lanzó este proyecto en Tanzania para fomentar el uso de energía limpia en los poblados rurales más apartados. El humo de las hogueras y las cocinas tradicionales es una grave amenaza para la salud, sobre todo la de las mujeres y los niños. La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha descubierto que, en el mundo, más de cuatro millones de personas mueren prematuramente debido a enfermedades atribuibles a la contaminación del aire en las casas.

En el África subsahariana, más del 80% de la población es decir, alrededor de 728 millones de personas dependen de los combustibles sólidos como el carbón y la leña para cocinar. Más que en ninguna otra parte del mundo. La OMS calcula que, de aquí a 2030, la biomasa será la principal fuente de energía de 1.000 millones de personas en la región. Lange explica que las nuevas cocinas emiten un 90% menos de humo que los tradicionales fogones de leña, lo cual mitiga la tos crónica y la congestión de cabeza.

Las mujeres de los poblados desempeñan un importante papel a la hora de poner en práctica el programa y de ayudar a guiarlo sobre el terreno. “Decidimos recurrir a las mujeres porque, después de hacer algunos talleres en los poblados, nos dimos cuenta de que ellas mostraban mayor disposición estaban más abiertas a la idea que los hombres”, cuenta Lange

En cada poblado, las mujeres trabajan en grupos de entre cinco y 10. Se reúnen entre ellas y, en función de las capacidades de liderazgo, deciden quién formará parte del grupo instalador. “Nos reunimos cada mes con los funcionarios del proyecto y con grupos de mujeres de otros poblados para compartir ideas y hablar del camino a seguir”, cuenta Loseku.

“En estos grupos de trabajo, las mujeres eligen a sus propias líderes, que las dirigen y organizan el trabajo diario. En unos 10 días, tienen la preparación necesaria para instalar cocinas y paneles solares”, explica Kisioki Moitiko, director del proyecto en Tanzania.

Loseku explica que el programa le permite ganar dinero extra para su familia, así como ayudar a su comunidad. “Ahora puedo mantener yo también a mi familia en vez de limitarme a depender de que mi marido venda primero el ganado para mantenernos a nosotros”, afirma.

Este artículo fue publicado originalmente en inglés en la página web de NewsDeeply.

Este artículo ha contado con el apoyo de una beca a la información de la Fundación Internacional de Medios de Comunicación de Mujeres (IWMF, por sus siglas en inglés).


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Hablar de sexo en Ghana

Fuente: El País Noticias de África

La educación sobre sexualidad y salud reproductiva es una cuestión política seria en muchos países occidentales. En ese terreno se ganan o pierden elecciones por temas como el aborto y los valores “familiares”. Pero en Ghana (y en muchos otros países en desarrollo), la planificación familiar es un asunto de vida o muerte, especialmente para las jóvenes y adolescentes.

Hace seis años, cuando yo era una niña que vivía en barrio pobre del sur de Ghana, era normal oír historias de aborto adolescente. También de chicas de catorce años dando a luz. Y de hombres de dieciocho años que apaleaban a sus novias prepubescentes porque estas se negaban a lavarles la ropa. A nadie en posición de autoridad (padres o maestros) parecía preocuparle que adolescentes solteras, a menudo sin edad legal de consentimiento, fueran víctimas de tales hechos.

Esa era mi “normalidad”. Muchas compañeras de clase quedaban embarazadas y dejaban la escuela. Otras morían al abortar en establecimientos sin licencia. Y me pregunto por qué, si yo veía estos problemas tan claramente, los adultos que me rodeaban no podían hacer nada al respecto.

En la parte de Ghana donde me crié, la educación sexual era muy limitada. Las jóvenes y adolescentes carecíamos de acceso incluso a la información más básica sobre salud reproductiva. El tema no se enseñaba en las escuelas, debido a “sensibilidades culturales”. Y los padres y educadores tampoco eran mucha ayuda; muchos creían que hablar de sexo con las niñas las haría más promiscuas. Así que en vez de ser el primer recurso de ayuda, la familia y los maestros eran el último. Muchas de nosotras nos consultábamos mutuamente; otras buscaban en Internet, donde la información no siempre es exacta.

La falta de educación sexual perjudicó seriamente a la juventud de Ghana. Un estudio reciente del Guttmacher Institute (Estados Unidos) revela que el 43% de las muchachas y el 27% de los muchachos han tenido relaciones sexuales antes de su vigésimo cumpleaños. Lo más sorprendente es que el 12% de las jóvenes ghanesas de menos de quince años han tenido relaciones sexuales al menos una vez (contra el 9% de los varones). Entre las adolescentes sexualmente activas, sólo el 30% usa algún método anticonceptivo, y sólo el 22% usa un método moderno (por ejemplo, condones). En un país con altas tasas de parto adolescente y niveles asombrosos de infecciones sexualmente transmisibles (entre ellas el VIH), estos porcentajes son sumamente preocupantes.

El control de la natalidad puede salvar muchas vidas, en particular de mujeres jóvenes

El control de la natalidad puede salvar vidas, en particular de mujeres jóvenes. Por ejemplo, el Fondo de Población de las Naciones Unidas calcula que un incremento del uso de anticonceptivos en los países en desarrollo evitaría 70 000 muertes maternas al año y 500 000 muertes infantiles. En Ghana, ampliar el acceso a anticonceptivos modernos es fundamental para mejorar la salud a largo plazo de los niños y las futuras madres.

Para empezar, los gobiernos deben hacer hincapié en la salud sexual de los jóvenes, mediante la provisión de educación integral en cuestiones de salud reproductiva, incluidos los métodos anticonceptivos, la comunicación en la pareja y el modo de hallar información y apoyo en relación con el VIH y otras enfermedades de transmisión sexual. Los gobiernos también deben reforzar la colaboración con organizaciones de la sociedad civil.

Pero los jóvenes de Ghana no podemos esperar que todo lo hagan los mayores: también debemos hacer campaña por nuestra parte. Por eso hace unos meses colaboré en el lanzamiento de una iniciativa juvenil llamada My Teen Life [Mi vida adolescente], que busca dar a los jóvenes voz en la discusión de temas de sexualidad en las zonas rurales del país. Este proyecto ha tenido un prometedor comienzo, gracias al generoso apoyo de la iniciativa suiza Global Changemakers. Ya educa a padres y tutores sobre cómo hablar de salud sexual con sus hijos; capacita a madres adolescentes; y trabaja para cortar el círculo vicioso de pobreza y maternidad precoz.

My Teen Life ya ha llegado a más de 100 adolescentes y sus familias, y ha formado a un primer grupo de madres adolescentes para generar ingresos con la confección de joyas y pantuflas. En los próximos meses y años, esperamos llevar esta y otras iniciativas sociales a muchos más, en Ghana y otros países africanos.

Estas iniciativas buscan llegar a las chicas por vías cerradas para los programas oficiales. Hasta hace poco, en Ghana sólo se ofrecía información sobre “planificación familiar” a parejas casadas. Si bien eso empieza a cambiar, las estructuras familiares patriarcales todavía impiden a muchas mujeres, incluso casadas, acceder a servicios de calidad.

Dentro de nuestras pequeñas capacidades, My Teen Life es una forma eficaz de llegar a las jóvenes. Las ayudamos a aprender y comprender lo que sucede cuando crecen, y a tomar las mejores decisiones para su futuro. Empoderamos a todas las adolescentes con que trabajamos para que no dejen la escuela, e insistimos en que si dan expresión a su sexualidad mantengan el control de lo que sucede con sus cuerpos. Todavía queda mucho por hacer, pero mis colegas y yo creemos que el cambio es más duradero cuando las soluciones a los problemas de los jóvenes salen de los propios jóvenes.

Esenam Amuzu es una Líder Juvenil del programa European Development Days 2017.

Traducción: Esteban Flamini. Copyright: Project Syndicate, 2017.


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UNICEF brinda asistencia de emergencia a damnificados en Sierra Leona

Fuente: ONU Noticias de África

17 de agosto, 2017 — El Fondo de la ONU para la Infancia (UNICEF) empezó las tareas de respuesta a las necesidades más urgentes de las familias desplazadas por las inundaciones y deslizamientos de tierra en los alrededores de Freetown, la capital de Sierra Leona.

Según fuentes gubernamentales el desastre natural provocó centenares de fallecidos, entre ellos por lo menos 109 niños, y la cifra de desaparecidos supera las 600 personas.

El representante de UNICEF en el país, Hamid El-Bashir Ibrahim, dijo que el alcance de los daños no tiene precedentes y manifestó su voluntad de ayudar a la población para evitar enfermedades o que sean víctimas de explotación.

Desde el pasado lunes, UNICEF suministra a los afectados agua potable y medicinas, tiendas de campaña y apoyo psicosocial a las personas más afectadas por el siniestro.

El Fondo de la ONU trabaja conjuntamente con el Ministerio de Salud sierraleonés para prevenir la diseminación de enfermedades transmitidas por el agua e instaló depósitos que servirán para el abastecimiento de los desplazados.

La cifra de refugiados sursudaneses en Uganda supera el millón

Fuente: ONU Noticias de África

17 de agosto, 2017 — Un millón de refugiados sursudaneses han llegado a Uganda y las condiciones para ofrecerles ayuda son cada vez más críticas, informó hoy la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR).

ACNUR reiteró su llamado a la comunidad internacional sobre la necesidad de apoyo financiero para ayudar a estas personas.

Alrededor de 1.800 sursudaneses han llegado a diario a Uganda en los pasados meses, mientras que en Sudán, Etiopía, Kenya, República Democrática del Congo y la República Centroafricana se albergan más de un millón de refugiados.

En Uganda, más del 85% de los recién llegados son mujeres y niños que han huido de la violencia de grupos armados que les quemaron sus hogares, mataron a sus familiares, abusaron de ellos sexualmente o intentaron secuestrarles.

ACNUR aseguró que se necesitan 674 millones de dólares para enfrentar esta crisis de refugiados, pero agregó que sólo se ha recibido el 21% de esos fondos.

Este déficit está afectando significativamente las capacidades para entregar ayuda vital y ofrecer servicios básicos a esas personas.

Recientemente, el PMA tuvo que recortar las raciones de alimentos, las clínicas están funcionando con muy pocos trabajadores sanitarios y medicamentos y la educación de los niños se hace al aire libre, hasta con 200 alumnos por clase.

Desde diciembre de 2013, cuando estalló la crisis de Sudán del Sur, más de dos millones de sursudaneses han huido a los países vecinos, y se estima que hay la misma cifra de desplazados internos.



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